«Maldito gato»: acaso hasta el tiempo infinito

6048868289984458«Maldito gato» es, posiblemente, el relato más insólito y peculiar de todos los que conforman Diez, por no decir extraño. En él se nos narra detalladamente la excursión a caballo de Juan Emar (personaje) hasta los cerros del Melocotón una esplendorosa mañana de febrero de 1919 y lo que encontró allí. ¿Por qué no podía marcharse de aquel lugar? ¿Qué sucedió para que el hombre decidiese quedarse y no romper la armonía y la perfección? ¡Maldito gato y maldita pulga! Aquí os dejamos un adelanto, dice así:

«Este objeto era un gato. Un simple y vulgar gato blanco con algunas manchas amarillentas. Se hallaba sentado de perfil pero con la cabeza vuelta hacia la entrada del embudo, es decir, hacia mí. Sobre su cabeza, entre ambas orejas, tenía una pulga, una diminuta pulga en nada diferente a las miles de pulgas que todos hemos visto y hemos tenido que sufrir. Eso era todo. Poca cosa, por cierto. Pero como tantas veces las cosas simples son complicadas, fijemos nuevamente, para bien inculcar el cuadro, los tres puntos principales dentro del embudo: yo, el gato, la pulga […].

No había duda, ni la menor duda, que al juntarnos así los tres, habíamos formado una figura, una imagen estable, mejor dicho —y para ver si logro expresar con justeza la sensación sentida—, habíamos realizado un equilibrio, un perfecto equilibrio entre fuerzas aisladas, fuerzas sueltas, tres fuerzas diferentes que, hasta ese momento, habían estado trotando desorientadas y a locas por el mundo, tres fuerzas incoherentes en el caos de la vida que, por su misma incoherencia, por su mismo desequilibrio, al hallarse errantes, contribuían de más en más a intensificar ese caos. Tres fuerzas desesperadas en su ro- dar inútil, agriadas en su no empleo, rabiosas en su correr obligado, temerosas de reflejar su infortunio a las demás fuerzas ya existentes, ya —mal que mal— agarradas en un equilibrio que podría al fin romperse sobre todo si, libres y caprichosas, ellas, el viento o el hastío las empujasen en contra de él, golpeándolo […].

Aquí, ¡silencio! Yo, él, ella… Ella, yo, él… Él, ella, yo… Acaso hasta el tiempo infinito».

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