Aunque usted no lo crea: Un pájaro verde puede vivir 85 años, 3 meses y 11 días (y tal vez más…)

Se dice que las aves viven entre el cielo y la tierra, una de las pocas especies que se podrían mofar de lo que alcanzan a ver al elevar su vuelo. Por lo mismo podríamos pensar que pueden percibir el bien y el mal, pero nunca lo sabremos…Lo que sí es que están muy cerca de lo celestial y en alguna ocasión muy próximos al terror.

Juan Emar en su cuento «El pájaro verde», relata la historia a partir de un loro, pero no uno cualquiera, uno muy peculiar, como él mismo lo relata: «era totalmente verde salvo bajo el pico, donde se ornaba con dos rayas de plumillas negro azuladas. Su tamaño era mediano, unos dieciocho centímetros de la cabeza al nacimiento de la cola, y de esta tendría unos veinte centímetros, no más». El pájaro verde nacpájaros verdese el 5 de mayo de 1821 y vivió, según lo que se cuenta: «85 años, 3 meses y 11 días», lo dicho.

«Yo he visto un pájaro verde,

Bañarse en agua de rosas

Y en un vaso cristalino

Un clavelcito que se deshoja».

Y no es ahí donde acaba su vida, más bien nunca acaba…

El detonante de la historia se origina en la aldea de Tabatinga, en el año de 1850:

«Una noche, mientras todos los loros de la región dormían acurrucados, como es su costumbre, en las copas de frondosos sicomoros, el doctor dejó su tienda y, marchando por entre los troncos de abedules, caobillas, dipterocárpeos y cinamonos; pisando bajo sus botas la culantrilla, la damiana y el peyote; enredándose a menudo en los tallos del cinclidoto y de la vincapervinca; y heridas las narices por el olor del fruto del mangachapuy y los oídos por el crujir de la madera del espino cerval; una noche de vaga claridad, el doctor llegó a la base y trepó sigilosamente al más alto de todos los sicomoros, alargó presto una mano y se amparó de un loro». Así fue como empezó todo…

Este pájaro se ve embalsamado y es cuando pasa de mano en mano hasta que se encuentra con otro personaje muy particular.

Aquí empieza otra historia más, pues el viejo père Serpentaire (el dueño de la tienda de antigüedades) se hace con él y ahí se queda hasta que:

«Cogidos del brazo [los amigos del narrador], entonando los aires oídos, sobre los ojos u orejas los sombreros, bajaban por la Rue Blanche y torcían por la Rue Chaptal en demanda de la Rue Notre Dame de Lorette donde dos de ellos vivían. Al pasar frente al número 3 de la segunda de las calles citadas, el père Serpentaire abría su tiendecilla y aparecía en el escaparate, ante las miradas atónitas de mis amigos, tieso sobre su largo pedestal de ébano, el pájaro verde de Tabatinga.

Uno gritó:birds

—¡Hombres! ¡El pájaro verde!

Y los otros, más que extrañados, temerosos de que aquello fuese una visión alcohólica o una materialización de sus continuos pensamientos, repitieron en voz queda:

—Oh… El pájaro verde…».

Y una vez en las manos del narrador, en la fecha del 9 de febrero de 1931, a las 10 y 2 minutos, sucedió lo inimaginable:

«…el loro abrió sus alas, las agitó con vertiginosa rapidez y, tomando los aires con su pedestal de ébano siempre adherido a las patas, cruzó la habitación y, como un proyectil

[¡Pás! Emisión interrumpida: para mayor información se sugiere leer el cuento completo]

…».

 

 

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