Soledad, inquietud y Juan Emar

juanemarUn día más estamos aquí para continuar hablando de las cuestiones más importantes de este autor chileno. Como os decíamos hace un tiempo, en Madrid se va a celebrar una exposición artística en la que podréis disfrutar de sus obras en primera persona, la fecha señalada es el mes de septiembre (en vez de octubre como os asegurábamos la última vez).

Hace unas semanas hablábamos del uso del lápiz que hacía en sus dibujos extraños e imaginativos, pero hoy nos pasamos a otro formato que tiene mayor importancia, nos referimos al gouache. Por si no lo sabéis, esta es una técnica que se realiza con un tipo de acuarela opaca que permite realizar líneas precisas, suele poseer pastosidad que le da mayor textura y aporta luminosidad a través de un brillo que tiene la misma acuarela, es decir que no necesita ser aplicado sobre un fondo blanco o claro para obtenerlo.

Juan Emar se decantó por este formato seguramente porque su textura y la facilidad con la que se podían aplicar distintas capas le hacían sentir a gusto con su perfeccionismo. La primera obra de la que os queremos hablar es especial para nosotros, porque durante un tiempo iba a ser la imagen de portada de nuestra edición de Diez.

boladecristalAunque finalmente no pudo ser y nosotros nos quedamos muy contentos con la imagen elegida finalmente, os queremos hablar de Bola de cristal. Esta obra, realizada en 1949 nos presenta a un hombre deformado, calvo y con una cabeza desproporcionada con los ojos cerrados. Sus labios entreabiertos pintados de un rojo fuerte parecen a punto de pronunciar una pregunta a la bola de cristal que se ha colocado en un pedestal frente a él. Los ojos cerrados, un abrigo de inmensos botones y una pequeña corbata verde que se asoma ligeramente en el cuello son los rasgos más distintivos. Su pincelada es gruesa y superpuesta, además de completamente intencionada.

abecedarioAbecedario es una obra que representa muy bien la sensibilidad del autor con un rostro de perfil. Aunque se trate de un retrato realizado con muy pocos trazos, estos son capaces de decirlo todo. La cabeza calva y hierática de cejas circunspectas demuestran seriedad y serenidad a un mismo tiempo. Sus labios, al contrario que la anterior figura están fuertemente cerrados como si estuviera muy concentrado. A su alrededor nos encontramos las letras, aquel lenguaje tan importante para Juan Emar y gracias al que podemos disfrutar de sus escritos.

arbolesrojosPor último nos encontramos con Árboles rojos, de 1953, un paisaje solitario que nos puede recordar a los cuadros de Giorgio de Chirico. Aunque la atención del espectador podría centrarse en las figuras de la madre e hijo que se encuentran desplazados del centro de la composición ligeramente a la derecha, realmente te sientes atrapado por el ambiente que se siente a través de la pincelada. ¿Dónde están? ¿Qué es lo que harán allí? Es imposible no sentir la necesidad de responder a los interrogantes que el autor nos plantea. Igual que de Chirico, nos genera un desasosiego y una sensación continua de que algo va a suceder si parpadeamos.

Los cuadros de Juan Emar son como sus historias, generan preguntas, interrogan al que los contempla y te dejan sin palabras.

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