El gran abuelo Emar

Entre las muchas caras de Emar, también nos podemos encontrar con su faceta como abuelo de Magadalena, que la llamaba Tinguiririca,  y Álvaro, al que llamaba Pinguirimpongue. Dentro de su particular mundo, Juan Emar, sin decirles apenas una palabra, les mostró su cariño a través de diferentes cuentos-carta, como el que os mostramos a continuación:

 

Hoy niñitos chicos como la mitad de una pulga, hoy es el cumpleaños del Tata. Por eso desperté muy temprano, tempranito, cuando todavía había una tan espantosa noche afuera que el Tata se asustó.

Asustado así, se metió entre las sábanas y se arropó lo más que pudo. Pero entonces oyó que alguien o algo golpeaba en alguna parte y el Tata no podía saber dónde era esa parte. Asomó un ojo y luego asomó otro ojo más y cuando estuvo con los dos ojos fuera vio… vio… vio… —¡Ay, m’hijitos lindos, me da miedo decir lo que vio, me da verdadero pánico!

Pero hay que ser valiente y decirlo. ¿Oyeron, para de Monigotitos más chicos que una mitad de pulga?

El Tata vio un terrible lampalagua que lo miraba… ¿Qué voy a hacer, por Dios? —se preguntó, y sin más, se volvió a meter entre las sábanas.

Pero dentro de esas sábanas… apareció un tremebundo ornitorrinco que ladraba como un perro y como un gato furiosos.

¡Los gatos no ladran!, ¿oíste, ornitorrinco?

Así gritó el Tata y le agregó:

¡Hoy es el día del Tata porque hoy cumple una cantidad enorme de años! ¡Son 69 años! ¡Así es que déjame tranquilo!

Pero entonces apareció, por debajo de la cama, un más terrible cumbileco que tenía unos colmillos del porte de una casa.

¡¡Uuuuuuy!!, vociferó el Tata. ¿Qué voy a hacer entre todos estos animales terribles? Y entonces llamó, a toda boca, llamó y llamó:

¡¡¡¡Tinguiririca!!!! ¡¡¡¡Pinguirimpongue!!!! ¡¡Vengan a salvar al Tata antes que lo devoren estos animales tremebundos!!

Pero nadie venia, nadie, nadie…

Tun, Tun, Tun…

Tin, Tin, Tin…

Tan, Tan, Tan…

Ei Tasa, entonces, se preguntó:

¿Quién estará golpeando así?

Y dio un terrible salto, se bajó de la cama y corrió hacia la puerta que abrió de par en par. Y, entonces, vio una cosa que lo sorprendió tanto que ya no podía más de gusto y de felicidad. Vio a un Papá que acababa de llegar. ¡Oh, que dicha!

¿Cómo le va Don Papá? —dijo el Tata.

¡Cómo está usted! —dijo él. Lo noto algo pálido, como si estuviera asustado… ¿Qué le ha pasado?

Entonces el Tata le contó al Papá lo que esos terribles tan bravos animalotes le habían querido hacer. El Papá dijo:

Yo los mataré; deme un plumero, y con ese plumero yo voy a darles una de palos que les va a dar tanto miedo que nunca más… ¡volverán por aquí!

Entonces el Papá tomó el plumero, y a plumerazos les dio a todos ellos una frisca que parecía un diluvio que caía del cielo.

Los animales escaparon gritanto y entonces…

¡Ah, m’hijitos pequeñitos como la décima parte de una pulga!

Entonces el Papá y el Tata se pusieron a bailar y a cantar como unos locos al ver que ya nadie los amenazaba. Al mismo tiempo que gritaban:

¡¡Viva doña Tinguiririca!!

¡¡¡¡Tralánn, tralánm, tralan!!!!

¡¡Viva don Pingurimpongue!!

¡¡¡Trilin, trilin, trilin!!!

¡¡Viva doña Clarisa, la mamá de esos niños!!

¡¡¡¡Trulún, trulún, trulún!!!!

¿Les ha gustado este cuento que les ha referido el Tata?

¡Lindo, precioso! contestan ustedes.

Y ahora todos bailamos tomados de la manita.

¡¡¡¡¡¡¡Trelén, trelén, trelén!!!!!!!

 

¡¡¡Y recordad!!! Nos vemos el martes 3 de junio a las 18.30 en el pabellón de actividades esdelibro.es. ¡Os esperamos!

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