Juan Emar y la sinfonía del cosmos en «El fundo de La Cantera»

Hacer/deshacer, dibujar/desdibujar, amar/desamar y toda una serie de palabras dicotómicas con las que el hombre nombra las actividades que puede crear o destruir para volver a empezar el día a día son parte de la gran fascinación de Juan Emar.
Un inicio circular lleno de símbolos y eternos retornos es como Juan Emar, parecería que inspirado en el mito de Sísifo, nos narra su cuento «El fundo de La Cantera». No hay que olvidar que las repeticiones, en alguna época, garantizaban la continuidad del cosmos y de la sociedad.
El fundo
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7…7, 6, 5, 4, 3, 2, 1.

En voz alta dice los números hasta el 7 para después hacerlo en cuenta regresiva, camina y camina de vuelta atrás para deshacer lo que sus pies habían pisado, muere Julián Oca y aparece su amigo Valdepinos, sube en un árbol y baja, escucha narraciones de guerras pasadas y las premoniciones de las próximas. Mantener el orden cósmico entre los pares es importante para Emar, como hemos visto en otras publicaciones, la geometría, los número siempre están relacionados con un orden natural. Un orden que mantenga el equilibrio entre lo bueno y lo malo, un punto intermedio entre los vicios y las virtudes.

A, B, C, D, E, F, G… G, F, E, D, C, B, A.

Los días pasan rodeados de símbolos: la luna, el sol, el día, la noche, la tierra, la sangre, la muerte, la vida, el tiempo, etcétera. Todos son elementos que comúnmente el ser humano se enfrenta y vive, por lo general, en armonía con ellos. Y es así como nuestro escritor chileno se interesa tanto por no romper la sinfonía que hay entre el hombre y el cosmos, que en sus cuentos lo vemos, como en este caso.

Do, re, mi, fa, sol, la si… si, la, sol fa, mi, re, do.

la foto 2«Yo, al llegar a dicho fundo (abril 1º. de 1935, 6 y 20 p. m.), noté que algo más tenía: una marcada molestia.
La molestia caía por entre las hojas de los árboles y dominaba a todos los habitantes de las casas y de los campos.
Sentí la inmediata necesidad de remediar este mal. Venía él de un comienzo de putrefacción anímica. El remedio mejor era proceder a la repetición de las más ordenadas bases sobre las que reposa nuestra vida de hombres.»

«¡Alto! Un solo minuto. Y trepamos al mismo tiempo.
[…] Bajamos simultáneamente y de nuevo los ciento veinticinco metros en sentido inverso, acercándonos en ángulo de treinta grados hasta quedar codo a codo, de espaldas al sitio en que se había ocultado el sol.»

«Media vuelta yo, media vuelta él. Avanzo, avanza. Nos acercamos. Hasta dejar entre ambos los veinte pasos. Paro, para.»

«Porque sé que si nos acercamos un centímetro más de la distancia que aún hace de ambos dos mundos desligados, sé que nuestras atmósferas se mezclarán y quedaremos por ellas atados.»

«Julián Ocoa había fallecido.
En sentido contrario a la marcha del cortejo y paralelo a él, corrían todas las ratas de La Cantera y todas las hormigas quedadas sin hormigueros.
No había peligro alguno.»

«Ahora me balanceaba cayendo. Sentí el silbar de una noche que pasaba por abajo; luego el estruendo de un día que seguía su destino; y otra noche, y otro día: desarrollábase la cinta sin fin. Caí.»

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